
Estaba ahí, a sólo unos pasos, ahí. Como esperando que fuese y comenzara a hablarle. Y así lo hizo. Tiró sus miedos, temores y vergüenzas y fue. No sabía que iba a pasar, podría ser el mejor día en su vida o podría devenir en una catástrofe que lo haría motivo de burla para sus amigos, enemigos, allegados y ajenos. Per fue. Fue y le habló. Parecía ser ella.
Comenzó entonces a hablar, a intentar entrar en esa hermosa fantasía que tenía ante sus ojos y que había esperado tanto tiempo.
Mediante temas coloquiales, burdos y cursis, se estaba acercando. Y pensar que tantas tardes había pasado preparando discursos de todo tipo para esa ocasión.
En ese momento nada más importaba. Ni sus amigos tratando de romperle la ilusión, ni ninguna otra chica con vestidos más cortos que la que tenía enfrente. Absolutamente nada lo iba a sacar de esa situación casi alucinógena que lo envolvía y que daba fe de la cantidad enorme de sentimientos que puede tener un ser humano.
Cuando ya se encontraba en el cenit de la pasión y las sensaciones más fuertes de quizá toda su vida, se acerca un amigo que le dice:
-Che, ésa no es. La que vos buscás está allá. - y señala a una chica de falda corta que bailaba borracha en la otra punta del salón.
En efecto, era esa la que esperaba. Había sido enamorado por otra mujer que había logrado atraparlo en las preciosas fibras de su vestido y sus cabellos negros como la noche. Ante este incómodo momento ella lo miraba fijamente a los ojos como diciéndole "no te vayas, yo estoy acá". Creo que nunca se sintió más feliz. Estaba haciendo la mejor elección de su vida y lo sabía, estaba seguro de ello.
Le sonrió, y le dijo a su amigo que esperaba:
-Dejá, hoy mi sueño es ella.