Cara a cara, recorríanse y mirábanse a los ojos mientras sus dientes oprimían sus secos labios. Nada parecía motivarlos pero solo faltaba un movimiento para que sucediese lo que ambos deseaban. Pero estaban allí, esperando la nada.
Los amores acercaríanse para luego volver a su lugar y dejarlos boca a boca nuevamente. En tanto, ellos solo acercábanse más y más.
Ella había dado un paso atrás, él sólo seguía ahí. Nunca habían dejado de mirarse. Una mano acercose tímidamente hacia el rostro ajeno. Lentamente, ambos dieron pasos hacia delante, trenzáronse sus dedos y pudieron sentir la acelerada presión sanguínea en sus antebrazos.
Ellos están aún ahí. Quizás nunca dejen ese lugar. Quizás solo la mutua felicidad los haga empezar a caminar.