29.4.11

Las cosas salen mal por alguna razón.

Generalmente las conozco y reconozco, pero esta vez no.

Simplemente salen mal.

Lo que depende de mí y lo que no depende también.

Para algunas hay intentos de explicaciones metafísicas, para otras hay intentos de explicaciones anatómicas, para otra hay intentos de explicaciones horarias.

Finalmente no hay ninguna explicación concisa.

Quizá un esbozo de explicación sería que como una sale mal, incide el ordenado transcurrir de las demás y genera el mal funcionamiento de las mismas.

No paradójica pero sí lógicamente la única actividad que me involucra y que no funciona del todo mal es la que se construye colectivamente.

Pero bien. Si yo quiero, las cosas van a andar bien.

10.4.11

Sufriendo la pasión

Nadie en este lugar está más nervioso que yo. Ni siquiera saben lo que siento, lo que quiero decir. Todas las cosas que quiero gritar.
A unos metros, un hombre me da instrucciones que oigo a medias, les paso poca importancia.
La gente grita a mi alrededor, pero lo que más se escucha ocurre en la tribuna que se encuentra de frente a mí. Simplemente opaca incluso los gritos que se emiten a mis espaldas.
El sufrimiento se redobla con la satisfacción de mis contrincantes. Hoy yo no lo puedo gritar, estoy obligado a fingir. No me gusta. Quiero desbordarme en alaridos y saltos detrás del alambrado.
Sí, sucede. El estruendo frente a mis ojos es enorme y solo puedo ahogarme en mi propia alegría sin poder expulsarla. Contengo terriblemente todo lo que quiero expersar para aferrarme solo al colgante que aprieto en mi puño y llevo a mis labios. La letra O dicha largamente y mi responsabilidad me impide pronunciarla.

Pasan los minutos, ahora el grito es a mis espaldas, la felicidad se distribuye a mi alrededor mientras yo aplacom conscientemente mis emociones y soy aferrado por la bronca que a su vez no puede explayarse en insultos ni reproches.

El sufrimiento se liga al fastidio que me invade. Ni siquiera puedo estar del lado de los míos. Estoy a 50 metros de donde quiero estar.

Solo me consuela saber que estoy donde está Gimnasia.

4.4.11

Roberto Arlt

Orgullosamente afirmo que escribir, para mí, constituye un lujo. No dispongo, como otros escritores, de rentas, tiempo o sedantes empleos nacionales. Ganarse la vida escribiendo es penoso y rudo. Máxime si cuando se trabaja se piensa que existe gente a quien la preocupación de buscarse distracciones les produce surmenage.