El exhaustivo análisis de la literatura supone una obligación a la interpretación que limita las interpretaciones superficiales personales.
El reemplazo de la lectura por el estudio de la narración, provoca una figuración que impide el normal disfrute de un cuento basado en la interpretación de lo entendido y no en el intensivo exámen de oraciones.
Creo que este análisis frase por frase convierte a los textos en conjuntos de datos. No considero a la literatura una ciencia y por eso no creo que deba funcionar según el método científico.
El verdadero placer que genera el leer radica en la propia interpretación y el correcto o incorrecto entendimiento de las acciones. Si se individualizan las construcciones, más allá de que luego el texto se analice en conjunto y relacionando fragmentos, se genera un vacío en el enriquecimiento que está produciendo la lectura en el lector.
Es cierto que nos acercaremos a lo que exactamente quiso plantear el autor. Pero quién ha dicho que leo para entender al que escribe. Leo para que me guste lo que leo. El escritor escribe, yo lo leo, si me gusta bien y si no me gusta se termina, no tengo porqué sufrir las críticas de un tercero aduciendo que no entendí al literato. Si no lo entendí, habiendo leído no exhaustiva pero sí atentamente, es culpa de mi subjetividad o de las condiciones del que ha relatado pero no de mis satisfactorias o infructuosas acciones de análisis.
Volvamos a leer como queremos, como nos guste, no como nos lo induzca un profesor. La lectura es un placer, no lo vanalicemos buscando condiciones ajenas o forzando interpretaciones propias.
Leer está re piola