Notó entonces que sólo tenía tres pelos en la cabeza. Algo sorprendida, aunque no escandalizada, pensó un tiempo y decidió hacerse una trenza. Así salió, muy contenta por la calle.
Al día siguiente, se despertó y se ubicó de nuevo ante el viejo espejo de marco dorado.
Se percató de que ahora su cabellera contaba con dos pelos. Se miró, meditó y entonces optó por hacerse una raya al medio. Salió de su casa, tranquila y contenta a su vida.
A la nueva mañana, se levantó de la cama y observó que solamente le quedaba un cabello. Eligió, esta vez, dejarse el pelo suelto. y salir con una sonrisa.
Al otro día, ya conciente de lo que iba a ver, se sentó frente al espejo y vio su calva cabeza. Se quedó ahí un largo rato, mirándose y pensando.
Entonces finalmente, se paró, sonrió y dijo: "Ah, que bueno. Ya no me tengo que peinar."