En realidad no existe. Es sólo un mito urbano, una leyenda. Es parte del imaginario popular al igual que los inodoros en el antiguo Bar Británico.
Es un hecho realmente impresionante y digno de ser analizado por la ciencia urbana como lo ha hecho Alejandro Dolina en Crónicas del Ángel Gris.
El 93 no existe, todos creemos que alguna vez nos hemos subido y hemos viajado en él. Pero no, siempre lo esperamos como si supiéramos que llegará en breve y nunca lo hace. ¿Es esto un hecho divino?¿Un designio de dios sobre los habitantes que necesitamos trasladarnos hacia Barracas? Nadie lo sabe. Hay quién dice que tampoco lo saben sus propios choferes. Hay un mito que reza que a los colectiveros de esa línea se les limpia la mente al momento de terminar el recorrido.
Muchas personas lo han retratado de color amarillento y marrón. Quizás sea así, o quizás esas personas sean parte de una cospiración que nos quiere hacer continuar esperando en las paradas, acto cuyo único resultado es correr el colectivo 74.
Yo aún tengo mis dudas, pero mi obstinación me lleva a seguir esperando inútilmente a ese mítico e imaginario transporte.