Escribo esto con el único objeto de no abandonar el espacio, pues los triperos no abandonamos.
No es algo interesante a menos que usted, lector vea algo que le llame la atención. En ese caso, me sorprenderé, agradeceré y lo felicitaré por su capacidad extraordinaria para que de un texto tan insulso e intrascendente como este, saque algo positivo.
Continúo improvisando (no sé por qué, ya que podría tranquilamente copiar y pegar alguna tontería en vez de aburrir a la gente con este escrito) sin pensar en nada de lo que pasa en mi vida personal y tratando de imaginar algo que realmente interese. Me doy cuenta que hay muchísimas cosas pero que no tengo la voluntad de ponerme a exponerlas.
A ver. Voy a escribir alguna estupidez espontánea (usted dirá "eso lo venía haciendo desde que empezó la nota" y tiene razón, pero me refiero a algo espontáneo con un contenido que no sea el explicar lo que escribo al mismo tiempo que lo escribo).
Entonces:
Hay una pared en mi habitacióm que luce particularmente vacía. Todas poseen algún afiche, ya sea político o futbolero pero algo. De hecho no es una pared sino la mitad superior de una pared en la que luce colgado un collage muy bonito realizado por mis padres hace años.
Ahí termina mi espontaneidad con contenido para volver a una espontaneidad que solo pretende dar un cierre al divague que ha tenido que aguantar desde que hizo click en este blog.
Sé que leyó hasta este punto solo para encontrase con algo que sienta que gastó tiempo en algo que lo vale.
Pero no. Llegó hasta este punto para solo entontrarse con una sola y triste palabra a la que yo me opongo a utilizar pero que la usaré en esta ocasión solo para poder contextualizar este último párrafo.
Fin