Está preparado, está concentrado, está. Ordena, grita, calienta si es necesario. Vestido distinto, es diferente, lo ven raro. Cuando acierta, pasa desapersivido, cuando falla, es trágico. Es su culpa, todo es su culpa. La derrota es su culpa, a veces la victoria también. Es el que paga los platos rotos, el que debe llorar sobre la leche derramada. Sin consuelo, es el último. Siempre el último.
Pero ahí está. El arquero.