28.7.10

Iban caminando, entonces por la vereda de enfrente se aparece un conejo azul. Entonces uno de los jóvenes le dice al otro:
-Che, ese conejo es azul.
-Sí. ¿Y?
-Nada. Digo, no había visto nunca un conejo azul.
-Bueno. Ahora ves que existen.
El muchacho lo miró un poco más hasta que la lejanía lo hizo indivisable.
-¿Seguís pensando en el conejo azul?
No le respondió, solamente siguió mimrando sus pasos sin detenerse.
-El otro día desde el balcón vi pasar un perrito salchicha. Yo tampoco había visto uno de esos.
-¿Y entonces cómo sabés que era un perro salchicha?
-Ah, no sé. Supongo que porque había escuchado el nombre y era un perro que parecía una salchicha.

Los dos se miraron impertérritamente un rato y siguieron caminando con la vista fija en la acera de enfrente como esperando alguna otra criatura que llamase su atención.

-Y el perro salchicha ¿de qué color era?
-Eh... qué se yo. Color perro, no sé. Verdesito claro como todos los perros.
-Ah, pero entonces no pude ser un perro salchicha. Los perros salchicha nunca son verdes.
-Si vos viste un conejo azul ¿por qué no puedo ver un perro salchicha verde?
-No, no puede ser. Los perros salchichas NUNCA son verdes.
-Y los conejos NUNCA son azules, son rosados, pero sin embargo lo vimos.
-No te creo. ¿Vos ves bien?
-El traumatólogo me dijo que sí. Además me dio unas pastillas por cualquier cosa.
-Pero los traumatólogos no saben nada. Los que tienen la posta son esos... ¿cómo se llaman? los del nombre largo.
-¿Otorrinolaringólogos?
-Eso. A mi cuando me dolía la espalda fui a uno y quedé re bien.
-Bueh. Ya no sé. Yo creo que veo bien.
-A ver. ¿De qué color es el gorrito de esa señora?
-Violeta, pero eso es fácil.
-Sí, fácil pero no es violeta, gil. ¿No ves que es amarillo?
Con un pequeño ademán hicieron acercarse a la mujer que notoriamente apurada, accedió con mala cara.
-Disculpe, señora ¿su gorrito de qué color es?
-Ay ¿para eso me molestan?¿no ven que estoy apurada? ¡Rojo imbéciles!- les dio la espalda bruscamente y se retiró insultando entredientes a los jóvenes que extrañados se miraban y rascaban sus cabezas.